La Custodia de Tierra Santa
Desde el comienzo de nuestra misión en Tierra Santa tuvimos en claro que nuestra misión debía entenderse como una continuación de una de las grandes obras realizadas por los franciscanos: ¡La Custodia de Tierra Santa! Por cerca de 800 años los franciscanos, tras las huellas de San Francisco, han mantenido la presencia cristiana en los lugares santos en medio de muchas dificultades y con muchos mártires. Nos contó un franciscano del convento San Salvador que cuando Solimán, el Magnífico, ocupó Jerusalén lo primero que hizo fue tapiar una de las dos puertas del Santo Sepulcro, mientras la otra la dejaba cerrada, porque dijo que una era suficiente por los pocos cristianos que quedaban y que con el tiempo no quedaría ninguno en Jerusalén, y la otra medida fue romper las campanas para que en Jerusalén no se escuchara más el sonido que era para los cristianos la voz de Dios. Por más de trescientos años estuvieron los franciscanos en los lugares santos sin ninguna conversión y la primera fue de un ortodoxo que había renegado y luego volvió a la fe cristiana. Ese fue el primer católico nativo; ¡eso sí que es perseverar en el testimonio del Señor!
Por gracia de Dios las campanas del Santo Sepulcro y otras suenan hoy en día en Jerusalén.
Estuvimos en otro santuario que nos es tan conocido, cerca de Ein Karem, el santuario de San Juan del desierto que recuerda el lugar salvaje donde San Juan se había retirado a hacer penitencia y a orar. Allí se conserva una gruta y una fuente natural del agua que llena algunas pequeñas cisternas en la que los cristianos, especialmente de los ritos orientales, realizan baños rituales, semejantes a los de Lourdes. Nos contó el fraile custodio del convento que hace un tiempo habían comenzado a venir grupos de judíos que realizaban también baños semejantes y que la presencia comenzó a ser cada vez más continua. Un día vino un grupo de judíos armados que lo escupieron de arriba a abajo amenazándolo para que se vaya diciendo que ese era un lugar de culto judío. El fraile se mantuvo en su lugar, tomó su celular y dijo que estaba llamando a la policía y logró que se fueran. Después del hecho tuvieron que tener varios días el convento cerrado o lo abrían de manera irregular.
Nuestra colaboración con la custodia se realiza con las clases dadas en el seminario franciscano y con la custodia del Santuario de Séforis, a cinco kilómetros de Nazaret. Allí, en un convento minúsculo nuestros monjes custodian el lugar donde según la tradición fue la casa de San Joaquín y Santa Ana y donde se encuentra los restos de una iglesia cruzada construida sobra una más antigua del tiempo bizantino. Si se consiguen los permisos necesarios se podrá restaurar y techar la iglesia cruzada y restaurar un antiguo establo en modo de hacerlo habitable. Dentro de poco nuestras hermanas comenzarán a ayudar en una escuela de la Custodia en Yafo (Tel Aviv) y custodiarán el santuario de Naín, en Galilea, donde Nuestro Señor resucitó al hijo de la viuda y que es actualmente un pueblo totalmente musulmán.
En Nazaret pudimos celebrar la Santa Misa en un altar lateral de la basílica inferior que conserva la gruta de la Anunciación.
Visitamos luego la ladera de la colina llamada “la Virgen se estremeció”, pues recuerda el temor de la Virgen al ver a su Hijo conducido por los judíos allí con la intención de despeñarlo. Cercano a ese lugar tienen las Clarisas un convento con un pequeño museo dedicado al beato Charles de Foucault que conserva varias reliquias. El beato paso varios años de su vida en Nazaret como jardinero de las Clarisas en el antiguo convento que se encuentra en la parte más baja que hoy pertenece a la congregación de hermanos fundada por él. Allí vivió varios años en una cabaña paupérrima, llevando una vida de oración y penitencia. Donde se encuentra el actual convento de las Clarisas es el lugar donde el beato solía retirarse a rezar.
Allí recordamos que el día de la beatificación de Charles de Foucault el actual obispo de Túnez, Mons. Maroun Laham, pidió a nuestro gobierno general y por intercesión del beato, monjes que fundaran en Túnez. Actualmente dos de nuestros monjes, los padres Jaime Martínez y Luis Miguel Martínez se encuentran en Túnez.
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